Durante años, Adrián reunió pruebas contra su tío.
Pero Esteban descubrió quién lo había ayudado.
—Por eso destruyó a mi familia —dijo Sofía.
Adrián asintió.
—Creó empresas falsas, manipuló los préstamos de tu padre y convirtió pequeñas obligaciones en una deuda imposible de pagar. Cuando tu padre intentó denunciarlo, murió en un supuesto accidente.
Sofía sintió que el aire desaparecía de la habitación.
—La policía dijo que perdió el control del coche.
—Los frenos habían sido manipulados.
Las lágrimas llenaron sus ojos.
—¿Por qué no me lo dijiste antes?
—Porque Esteban lleva años vigilándote. Cuando regresé, necesitaba ocultar mi identidad incluso ante sus hombres. El disfraz me permitía moverme sin que me reconocieran. Compré tus deudas antes de que él pudiera ejecutar la orden final.
—¿Qué orden?
Adrián tardó demasiado en responder.
Sofía comprendió la verdad.
—Iba a matarnos.
—A ti y a tu madre.
Ella lo abofeteó.
Adrián no intentó detenerla.
—Podías haberme ayudado sin obligarme a casarme contigo.
—No necesitaba una esposa. Necesitaba colocarte legalmente bajo la protección del patrimonio Vega. Desde el momento en que firmaste, cualquier ataque contra ti afecta directamente al control de la empresa. Esteban ya no puede hacerte desaparecer sin perder todo lo que robó.
Sofía lo miró con desprecio.
—Decidiste sobre mi vida igual que él.
—Sí —admitió Adrián—. Y tendrás derecho a odiarme cuando esto termine.
Un ruido se escuchó en el pasillo.
Adrián levantó el arma.
La puerta se abrió lentamente.
Una mujer entró con las manos levantadas.
Sofía la reconoció de inmediato.
—¿Mamá?
Elena corrió hacia su hija y la abrazó.
—Gracias a Dios estás viva.
Sofía se separó de ella, desconcertada.
—¿Cómo sabías dónde estábamos?
Su madre miró a Adrián.
No parecía sorprendida al verlo sin el disfraz.
—Usted lo sabía —dijo Sofía—. Sabía quién era.
Elena bajó la cabeza.
—Tu padre me pidió que protegiera el secreto.
—¿También sabía lo del matrimonio?
—Fue idea mía.
Sofía dio un paso atrás.
—¿Me entregaste a un desconocido?
—Te entregué al único hombre que Esteban teme.
Antes de que Sofía pudiera responder, la puerta se cerró de golpe detrás de Elena.
Un hombre apareció desde las sombras.
Era el abogado que había acompañado a Sofía durante la firma del acuerdo matrimonial.
Apuntaba directamente a Adrián.
—Gracias por reunirlos a todos —dijo.
Elena palideció.
—Tomás, baja el arma.
El abogado sonrió.
—El señor Vega quiere a la muchacha viva. Los demás son prescindibles.
Adrián se colocó delante de Sofía.
—Si disparas, los hombres de Esteban nunca encontrarán las pruebas.
—Ya no las necesitamos.
Tomás sacó un teléfono y mostró una transmisión en directo. En la pantalla aparecía el restaurante de Elena envuelto en llamas.
Sofía soltó un grito.
—¡Mi familia está allí!
—No —respondió Tomás—. Tu familia está en esta habitación.
Entonces miró a Adrián.
—Pero tú todavía no sabes quién es realmente ella, ¿verdad?
El rostro de Elena perdió todo su color.
Adrián frunció el ceño.
—¿De qué estás hablando?
Tomás sacó un sobre del interior de su chaqueta y lo arrojó al suelo. Varias fotografías antiguas se deslizaron sobre la alfombra.
En una de ellas aparecía el padre de Sofía junto a una mujer desconocida. Ella sostenía en brazos a una niña recién nacida.
Adrián recogió la fotografía.
En la parte posterior había una fecha y un nombre:
«Sofía Vega».
El silencio llenó la habitación.
Sofía miró a su madre.
—¿Qué significa esto?
Elena comenzó a llorar.
—Tu padre no era tu padre biológico.
Adrián levantó la mirada lentamente.
—No puede ser.
—Sofía es hija de Gabriel Vega —confesó Elena—, tu hermano mayor.
Adrián parecía incapaz de respirar.
Gabriel Vega había muerto junto a sus padres en el supuesto accidente de barco. Según todos los documentos oficiales, nunca había tenido hijos.
Pero si Sofía era realmente su hija, entonces poseía derechos sobre la fortuna Vega.
Derechos incluso mayores que los de Esteban.
Por eso habían destruido a su familia.
Por eso compraron sus deudas.
Y por eso intentaban matarla.
Tomás apuntó el arma hacia Sofía.
—Ahora entiendes por qué tu boda nunca debió celebrarse.
Adrián se movió antes de que disparara.
La detonación estremeció la habitación.
Sofía cerró los ojos.
Cuando volvió a abrirlos, Tomás estaba en el suelo y Adrián permanecía de pie frente a ella. Una mancha oscura se extendía sobre su costado.
—¡Estás herido!
—No importa —dijo él, entregándole una pequeña llave plateada—. Ve al banco central. Caja 317. Allí están las pruebas y el testamento de tu verdadero padre.
Sofía sostuvo la llave con manos temblorosas.
—Vendrás conmigo.
Adrián negó lentamente.
Desde el pasillo se escuchaban varios pasos acercándose.
—No tenemos tiempo.
La condujo hasta la salida de emergencia y miró por última vez el vestido de novia que ella todavía llevaba.
—Hoy creías que te casabas con el hombre que había arruinado tu vida —dijo—. Pero en realidad acabas de convertirte en la única persona capaz de destruir a Esteban Vega.
Adrián cerró la puerta entre ellos.
Sofía golpeó la madera mientras los hombres llegaban al otro lado.
—¡Adrián!
Se escucharon gritos, pasos y un segundo disparo.
Después, silencio.
Sofía miró la llave ensangrentada dentro de su mano.
En menos de una hora había descubierto que su esposo no se llamaba Víctor, que su padre había sido asesinado y que ella era la heredera secreta de una fortuna que podía costarle la vida.
Pero todavía ignoraba la verdad más peligrosa.
El matrimonio no había servido únicamente para protegerla.
Cuando abrió la caja 317 dos días después, encontró el testamento, las pruebas contra Esteban y un documento adicional firmado por Adrián antes de la boda.
Era una transferencia completa de su patrimonio.
Todo estaba ahora a nombre de Sofía.
Al final del documento había una sola frase escrita a mano:
«Si estás leyendo esto, significa que no logré salir de aquel hotel. No confíes en nadie, ni siquiera en la mujer que te llamó hija durante veinticinco años».
Sofía levantó la vista lentamente.
Al otro lado de la sala del banco, Elena la observaba.
Y en su mano sostenía el mismo dispositivo rojo que habían encontrado oculto en la botella de champán.